Hoy vuelvo a pesarme muy a mi pesar.
La balanza arroja un saldo positivo, pero necesitaría una balanza del Indec para poder sonreír.
Ya odio a aquel hombre a quien llegué a considerar "un galán húngaro" cuando lo tuve en persona: el Dr. Alberto Cormillot debería ser ahorcado con sus propios intestinos inmaculados.
¿Por qué, además, nadie se confunde, nadie le dice "Colmillot" como sí le dicen "Favarolo" a Favaloro?
Seguro que me incluyó entre los obesos para tener más clientes.
Me pregunto si podría odiar el doble a alguien.
Ese alguien es, por supuesto, el Dr. Ravenna, que parece que nos tira la mitad de la miseria que condesciende el gurú de la flacura alternativo a darnos de comer.
Corro, imbuído de la superstición de que correr más de media hora cambia la modalidad anaeróbica a no se qué y hago descansar sobre mi pobre rodilla todo el peso de mi cuerpo, como si le saltara encima a mi rodilla cada vez para aplastarla como a una cucaracha.
Sobre el asfalto esto se denomina "efecto rebote", pero es lo contrario, en lugar de rebotar como en una cama elástica y con resortes mi fémur se tiene que comer el impacto, doblado.
Junto a mí corren ancianos más decrépitos y obesos más voluminosos (hay uno que podría ser mi "doble de cuerpo"): su dióxido de carbono en mi nuca es el pretendido "aire puro" que salí a insuflarme, en contacto con la naturaleza y el smog de los colectivos.
Me cobran cinco pesos la llamada "agua mineral" como si existiera el "agua animal" o el "agua vegetal". Se trata de un agua químicamente idéntica al agua de la canilla, salvo que envasada y traída desde más lejos. En vez de "mineral" debería llamarse "agua finoli finoli" o "agua para chetos". O si no, se podría llamar música a Daddy Yankee y "música mineral" a Bach.
Según la publicidad de la misma, estoy constituido por un 70 % de agua y por eso tengo que rehidratarme rápidamente, cosa de no desfragmentar mi identidad como los padres de Marty MacFly en "Volver al futuro". ¡Qué alivio saber que somos un setenta por ciento agua!. O sea que al Gobierno solo le falta encontrar el 30 % de Julio Jorge López en polvo...
Esos cálculos como el de cada peldaño que subís te agrega cinco minutos de vida pero cada cigarrillo que te fumás te quita veintitrés son tan ridículos como decir que si Sabatella apoyaba a Kirchner, Kirchner le ganaba a De Narváez.
¿No votaba CONTRA Kirchner el que votaba a Sabatella?¿no era como el que votaba a Pino en Capital? Si Sabatella hubiera apoyado a Kirchner sus votantes hubieran votado a Stolbizer. ¿Cómo no entienden que en Argentina nadie vota a favor de nadie, sino en contra de los peores todavía?
Tenemos el 99% de la información genética de un chimpancé ¿para qué difunden semejante dato a personas que no lo saben entender como corresponde, a chimpancés?
Pensando las antecitadas pelotudeces, hago gimnasia por espacio de dos horas, casi.
Considero estas dos horas una de las más humillantes pérdidas de tiempo de mi vida.
Razono que la felicidad consiste en autosuperarse y que si parto de tener un tan buen estado físico que para cansarme necesito dos horas, dentro de un mes tendré que disponer de seis horas para lograr el mismo efecto.
Me pregunto si escribir este diario con lapicera no me hará gastar más calorías.
Antes de importar un auto, le sacan el catalizador. Después si querés el catalizador, lo tenés que pagar aparte. ¿Pasará algo así con el pan negro?. Se supone que refinar la harina o el azucar es más esfuerzo que dejar el grano entero, pero supongo que hay más mercado para el pan blanco.
Estoy como en la primera presidencia de Perón, comiendo pan negro.
Un amigo danés ponderando la belleza de las dinamarquesas incluso jovatonas, me explica que allí el Estado interviene para fomentar la alimentación sana y de esta manera todos corren y todos van en bicicleta y todos nadan.
El Estado Dinamarqués ahorra de esta manera muchísimo dinero en hospitales, al prevenir enfermedades cardiovasculares y millones de problemas relacionados con el sobrepeso, el sedentarismo, etc.
Pero en Argentina no hay planificación ni está nada centralizado. El que ahorra dinero en salud no es el mismo que el que tiene que vender el queso "con un cincuenta por ciento menos de grasa" (que es como si los cigarrillos te dijeran "ahora con 50 por ciento de menos chances de cáncer de pulmón y 75% de efisemas menos")
Voy a Farmacity y realizo un estudio de mercado referido a productos adelgazantes. Algunos se basan en deshinchar, deshidratar. Otros tienen garnicina L o carnitina que son quemadores de grasa, más fucus, yodo, algas que generan la sensación subjetiva de no tener apetito.
Ninguno de los productos baja de los 50 pesos.
En Sociales me enseñaron que el flagelo de la droga está en íntima relación con las posibilidades socioeconómicas. Un pibe de la villa fuma paco, según esta hipótesis, porque no tiene los medios como para hacer el ingreso en la UTN.
Alguien como yo podría por motivos económicos hacerse cocainómano para adelgazar. La carnitina y la garnicina-L y la centella asiática son entre seis y cinco veces más caras que la sustancia que ditirámbicamente celebró Freud cuando se picaba con ella y con la que combatía el tedio Sherlock Holmes.
(sé que debería hablar del éxtasis y de la Universidad de Palermo donde se estudian drogas de diseño, pero soy del ancient regime, muy chapado a la antigua).
La manera más rápida de bajar unos siete kilos, pienso, sería cortarme la pierna izquierda...
Y lo peor es que cada kilo siguiente que tengas que bajar está más aferrado con uñas y dientes a tus huesos, nada de "ya entré en ritmo", o "ahora va a ser más fácil".
¿No es vulgar querer adelgazar, no es lo que cualquiera puede hacer?
Hoy en día Mickey Rourke ostenta un físico de leñador salvaje logrado en pocas semanas con esteroides en un gimnasio: si todos podemos ser patovicas en tres minutos ¿no sería lo elegante hacer un culto a algo que no sea el cuerpo?
Me pregunto si mis ideas filosóficas no serán demasiado pesadas...
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