De entre todas las maravillas que la tecnología moderno ha producido, acaso el té verde sea la más asombrosa.
Tomo cinco tazas y siento, junto con arcadas parecidas a las que sobrevienen cuando el cepillo de dientes intersecata el paladar, una beatífica bonhomia: ya no me irrita todo.
Antes de tomar la primer taza, mi amiga me llamó por teléfono para decirme que no me ofendiera pero como soy muy indiscreto no me podía decir.
La cagué a pedos, la defequé a flatulencias, explicándole que la indiscreta era ella: si pensaba no decirme algo ¿para qué peca de indiscreta y me lo chimenta?.
Además el "no te ofendas" agrega siempre un toque de "acá hay algo personalizadamente ofensivo, por favor ignoralo".
Después de la taza de té agradezco no cargar con secretos que me succionan bien un testículo.
Lo que pasa es que la vida mental de la gente no se ve como se ve el cuerpo: por eso vivimos en una era en la que las personas se encargan de tener un físico impecable y de que nadie divulgue nada de su alma siniestra.
Como a mí me educaron para privilegiar la honestidad, encuentro en esta beatificación de la discreción una evidencia de infamia.
Anoche salí con una chica con la que había salido seis años atrás, aunque ella al principio no se acordaba. Me gustó pensar que mi actual apariencia no es menos seductora. Fuimos a un bar y pedimos champagne. El chiste me costó setenta pesos, pero fue de enorme utilidad: ver cómo es una persona cuando está borracha permite inferir una gran cantidad de características (si uno no ha tomado el doble de ella).
Haberla hecho acabar dos veces me reconcilia un poco con todo este culto al cuerpo, la dieta y la gimnasia aunque la verdad sea dicha, la verdad sea felicidad: creo que pude erguir mi sangre tan altiva solo porque antes había ido al Buenos Aires Fashion Week y mi subconciente estaba más erotizado que geisha con fiebre amarilla.
Pese a mi resistencia intelectual y a considerarlas jirafas a las modelos, debo reconocer que a la noche me hubiera podido coger un hipopótamo sin perder entusiasmo.
¿vieron Madagascar?
sábado, 25 de diciembre de 2010
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