lunes, 27 de diciembre de 2010

Me vuelvo misógino

Pensar que esta vida de penitencia y trabajos forzados a pan y agua es el pan cotidiano del ochenta por ciento de las mujeres del planeta me vuelve misógino.
¿Empezaré pronto yo también a creer en el horóscopo?
No estoy en contra de la igualdad de derechos, me molesta que las mujeres sigan teniendo un estatuto como de moralistas privilegiadas y mientras ya pueden surtir nafta, ser Presidenta, coger con diferentes objetos de su afecto sin involucrarse emocionalmente (al menos tienen ese derecho), se permiten cambios de humor completamente irrespetuosos que han de perdonárseles porque siguen siendo el sexo débil, atravesado por cambiantes hormonas, capaces de llorar al ver todo bebé, todo minino, todo perrito, de enfurecerse sin razón aparente por cualquier ataque de suspicacia, capaces de sonreir cuando están llenas de odio, con un concepto posmoderno de que la verdad no existe y que la construcción de su subjetividad las exime de toda honestidad.
Supongo que toda esta feroz crítica contra las mujeres es amor encubierto, apasionado deseo.
Pero mientras yo tenga sobrepeso, tendré que sobreponerme a mi interés por ellas, porque yo no les intereso.

[un ejemplo patético: una compañera de trabajo me dice, al ver mi orzuelo, que tengo una bolita de grasa en el ojo y otra, mordaz me sancocha: "¿una sola?¡todo él es una bola de grasa!"]

La solución es evidente: tengo que masturbarme a cuatro manos, tengo que hacer actuar a mi cuerpo como si estuviera con una mujer como para que las fermonas metan la panza adentro con deleite y no como el penoso deber que es ahora.
Pongo "Eyes Wide Shut" de Stanley Kubrick, donde aparece el galán húngaro tan parecido a Cormillot. Las mujeres aparecen desnudas en primer plano, pero no consiguen excitarme.
Supongo que necesito una suerte de transgresión de lo prohibido, supongo que eso es fantasía de violación.
Donde no hay nada que obstaculice la desnudez, ésta parece banal.
Más me erotiza un leve roce con seis kilos de ropa encima en el que la chica parezca escandalizada o finja haberlo sentido con escandalosa intensidad.
Esta es la parte de la emancipación femenina que realmente me jode: la casuística lasciva. Que me digan "vení, ponemela, quiero sentirla adentro mío ya" parece una avasalladora orden y no el vasallaje ruborizado que tiene que ser sometido porque al final le termina encantando aunque haya dicho que no y que no.
Ahora todas te dicen que sí como el sí mágico de Stanislavsky, pero en ese sí está encerrada la negación de todo el mecanismo.
Leo en Bertrand Russell: "Con mucha frecuencia una niñez desgraciada produce como consecuencia defectos de carácter que motivan el fracaso posterior para hacerse amar. Esto es más triste, probablemente respecto a los hombres que a las mujeres, porque de un modo general las mujeres tienden a amar a los hombres por su carácter al paso que los hombres tienden a amar a las mujeres por su aspecto. Hay que decir que en esto los hombres se muestran inferiores a las mujeres, porque las cualidades que los hombres admiran en las mujeres, son, en conjunto, menos deseables que las que las mujeres admiran en los hombres. No estoy, sin embargo, convencido de que sea más fácil adquirir un buen caracter que un buen aspecto, pero es cierto que las mujeres se esfuerzan más para ser bellas que los hombres para adquirir un buen caracter"

Me pregunto si será válido todavía: ¿las mujeres no se fijarán tanto en el cuerpo de los hombres?. Tal vez la época de Russell tenía más dualismo cartesiano y ahora no separemos tanto el aspecto del carácter: sabemos que alguien con las arterias taponadas de grasas trans va a ser más cascarrabias que alguien con oxigenación impecable.
Las personas agraciadas tienen milimétricamente una calidad de vida mejor, es como si pertenecieran a otra especie...
De todas maneras se niveló para abajo: las mujeres no renunciaron a todas las ventajas de ser físicamente atractivas a cambio de ser geniales ajedrecistas, científicas, estrategas bélicas o ecónomas.
Y un hombre no deja de preferir un culo parado a la medalla de oro en Exactas.
Antes la ecuación era así: la chica decía "Tomo Adelgafruta, hago step-dance y por eso tengo el culo paradito" y su chico podía limitarse a replicar: "y yo, precisamente porque vos hacés todo eso es que lo tengo a mi vez paradito".
Hoy el tipo tiene que tener la panza chata y cuadriculada y tener los músculos pectorales y biceps marcados sin trabarlos antes de recibirse en la Facultad de Medicina y así y todo no puede estar seguro.
Este avance sobre el intelecto y la capacidad de abstracción y la estabilidad emocional masculinas demuestran que la idea de "macho" es una extrapolación hecha a imagen y semejanza de las hembras.
Porque el varón es muchísimo más delicado y sensible y espiritual. Que sea un inconmovible actor porno en el ideal colectivo demuestra la necesidad femenina de imperturbabilidad sentimental y la prevalencia en su asignación de prioridades a la anatomía por sobre las más elevadas facultades.
Basta con comparar lo brutas que son dos lesbianas y lo gentiles que son dos maricas para comprender lo que digo. Se me dirá que cada cual adoptó los rasgos del sexo opuesto. De acuerdo. Pero sin negar la genitalidad biológica: los maricas se la pasan garchoteando dele que dele a ritmo porongal y las tortas cada vez van espaciando la frecuencia de sus transportes amatorios hasta lograr lo opuesto del matrimonio heterosexual perfecto: una armoniosísima convivencia en cuanto a tareas domésticas y una anacrónica merma erógena, apenas interrumpida por caprichosos estallidos de ganas (ganas de frágil y susceptible condición cambiante, chocheando).
Bertrand Russell se hace el matemático neutral pero está diciendo una estupidez inmoral: ¿cómo va a felicitar a las mujeres por practicar una estafa, por fomentar un intercambio inequitativo en el que nos dan el cuerpo y se llevan el alma?.
Me pregunto si haber vendido el alma de mi glotón apetito al mandato social que, imperativo, me exije pesar diez kilos menos no contribuye a llevarse junto al gastronómico, al espíritu gozoso del placer sexual.
Tal vez todos mis coitos en lo sucesivo sean insípidos, inoloros e inodoros como el yogur literalmente llamado "cero vida"...

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